jueves, 18 de agosto de 2011

El “bipolar” y exitoso Kevin Johansen se presenta hoy

Kevin Johansen podrá haber nacido en Alaska, pero en cuestión de fútbol es tan argentino como el que más. O casi. Viniendo de Santa Cruz, donde junto al dibujante Liniers dio el martes dos espectáculos a lleno completo, lo primero que hizo el cantautor al llegar ayer al hotel Cochabamba fue prender el televisor. En la pantalla Barcelona y Real Madrid se disputaban palmo a palmo un partido, con el concurso de “el espectacular” Leo Messi. “Me gusta el buen fútbol, el equipo me da igual, no es cuestión de vida o muerte”, manifiesta Johansen (1964), cómodamente tirado en el sofá de su habitación, botella de agua en mano. Messi anota el segundo gol y el músico estalla: “¡Uy, qué golazo! Fue una pared tremenda. Messi es un hijo de p… ¡Jugá así para la selección, guacho!”. De buen humor, tomando su anterior postura, elegida porque “como Julio Iglesias” tiene un mejor perfil para las fotos, el artista admite a otro ídolo presente en sus canciones, Diego Maradona. “Es el Charly García del fútbol -señala el que también con Liniers se presenta hoy por la noche en el citado hotel-, un genio al que uno quiere por más que tenga sus momentos… Es como dice Andrés Calamaro: te quiero igual (risas)”. Ya entramos en el tema de la música, pero antes era inevitable otra pregunta: ¿el conservadurismo de Mourinho o los riesgos de Guardiola? Johansen no duda nada al elegir el riesgo, recurriendo igualmente feliz a un lugar común: “En la vida, el que no arriesga no gana”. Y riesgoso es una palabra adecuada para definir el trabajo del cantautor, que en cuatro discos -el primero “The Nada” (2000)- combinó géneros tan distintos como cumbia, rock, folklore, milonga y… la lista sigue, regularmente con el elogio de la crítica y el aplauso del público. Claro, la mezcolanza no hace más que reflejar la vida del creador de “Sur o no sur”: “Me tocó vivir una hermosa metáfora, ser bipolar, nacido en Alaska, de madre muy argentina que colgaba boleadoras en el living. Había también un bombo legüero, un charango, una guitarra criolla. Mi madre era muy folklorista, era la primera bolivariana, una mina muy latinoamericanista, feminista, muy ‘cumbiera intelectual’ (título de una de sus canciones), terminó hablando siete u ocho idiomas. (…) Me motivaba mucho, me obligó a leer los clásicos, a los 14 años estaba leyendo ‘1984’ de George Orwell. Mi madre era una tipa que ejercía una especie de transmisión de cariño a través de la cultura, era algo muy especial y algo que le agradezco muchísimo y de por vida. Eso me enriqueció mucho”. Y hay más: “Viví hasta hasta los 12 años en Estados Unidos, en Alaska, en California, que es lo que más recuerdo. Y uno cuando es niño habla lo que el entorno, por eso yo era un gringuito que hablaba inglés. Pero pasa que mi madre se casó en segundas nupcias con un mexicano, pintor de Mazatlán, entonces hasta los 12 años tenía un mexicano en la casa que hablaba y puteaba en mexicano. Eso también me motivó la oreja y ya el castellano me resultaba muy fácil, cuando llegué a la Argentina al mes estaba hablando castellano perfectamente. Por eso no me fijo en el idioma para componer”.

Tales influencias llegan asimismo a la instrumentación del cantautor que, si bien tiene en la guitarra española y criolla su base para la composición, se muestra muy ducho también en el charango, que ejecuta desde hace 25 años, así como en instrumentos de percusión.

El beneficio de ser un rara avis

Johansen actúa por primera vez en Bolivia y sus discos sólo se consiguen vía internet o la piratería especializada. Pero en Santa Cruz hizo un “doblete” y en Cochabamba apenas quedaban ayer por la noche unas pocas entradas para ver su show, cosa similar a lo que pasa en su siguiente destino: La Paz. ¿Un éxito sorpresivo? “Sí, -confiesa- me sorprende. Lo empecé a sentir hace un año y medio en Argentina, viajando por el interior. Cuando uno recorre el interior, si ha tenido algo de éxito, primero va a los lugares más ricos como Rosario, Córdoba, Mendoza, y luego, si va bien, se extiende al norte o al sur. Pasó lo mismo en Latinoamérica, primero empezó con el Cono Sur, con Chile, Uruguay, paulatinamente Paraguay, Perú, Bolivia… se empezó a llamar muy orgánicamente al resto. Y el DVD (‘Kevin Johansen + Liniers + The Nada En Vivo en Buenos Aires’) ayudó a dar a entender un poco mi obra, los dos o tres temas más representativos de cada disco, desde ‘Guacamole’, ‘Chedondald’s’, ‘El círculo’, ‘Sur o no sur’, ‘Cumbiera intelectual’ y ‘Desde que te perdí’ hasta ‘Anoche soñé contigo’. Las canciones tocaron un nervio, fueron haciendo su trabajito de un modo muy paulatino, no empujado por multimedios -no estaban sonando todo el día en la radio ni en la tele-, y la gente fue descubriendo eso. Fue ese factor nuevo, que la gente goza al descubrir a un artista y meterse en YouTube para averiguar qué es lo que hace. Tengo quizás el beneficio de la diferencia, de ser un rara avis, algo diferente que no se parece a nada”. Y este singular proceso de creación y difusión se ha traducido también en un libro, “Oops!”, de letras de Johansen y dibujos del reputado historietista Liniers, ambos protagonistas del espectáculo en vivo. “Lo que la gente también presencia -dice el cantautor- es el trabajo de dos amigos que hacen disciplinas diferentes pero muy complementarias. Nos faltamos el respeto mutuamente, como buenos amigos (...)”.



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